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Interdisciplinaria, Aspectos Teóricos y Prácticos




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Ética y DD. HH. constituyen 
un campo interdisciplinario
que es punto de encuentro y diálogo
de la filosofía, la ética aplicada,
la psicología, el derecho, la medicina,
la sociología, la economía  
y la antropología
más otras ciencias
del hombre y la naturaleza.

Plantean una mirada revolucionaria
en torno a la vida, la salud la educación,
la seguridad, la economía, la política
y el medio ambiente
natural y sociocultural.

Descorren los velos de aquellos intereses,
que hacen de las guerras,
la muerte, la enfermedad, la ignorancia
y la miseria
una espuria oportunidad de negocios.

En la Historia de la Ética
han existido desde los griegos
hasta nuestros días,
posiciones distintas
según que unidad se tome
para explicar o educar
la conducta moral del hombre.

Aristóteles habla de virtudes
que vienen con el hombre
desde el nacimiento
y hábitos.

Para él se es o no virtuoso,
desde que se nace
y eso solo es modificable
por el aprendizaje
que debe hacerse siempre
de la mano de un maestro.

Su estratificación social,
en políticos y artesanos,
también es desde el nacimiento
y para toda la vida,
lo cual le daba a la sociedad,
un carácter rígido, estático e inmutable.

Kant introduce el Imperativo Categórico.
Afirma que son las Normas
las que regulan
la conducta Ética.

Para él, solo si uno ajusta,
su comportamiento a las normas,
que siempre están establecidas,
por un Orden Externo,
uno es un Ser Moral o Ético.

La teoría kantiana es la base
del Derecho Moderno
ya que cuando los supuestos morales
tienen más prédica,
obligan a convertirlos,
en normas jurídicas.

A fines del siglo XIX principios del XX,
con Scheler, Hartmann, Hildebrand,
Ortega y Gasset, y Risieri Frondizi.
surge la Ética de los Valores.

Los Valores  son cualidades de las cosas
y sus contrarios.

Por ejemplo justo-injusto, bello-feo,
verdad-mentira.

La captación de los valores en la realidad
es por vía intuitiva,
que es un modo más rápido
de conocimiento de la misma.

Esto introduce a la subjetividad,
ya que lo que es bello o justo para mi,
puede no serlo para mi semejante.

De este modo se llega a la anarquía social,
en nombre de la Ética,
ya que grupos distintos llegarían a enfrentarse en defensa de sus Valores.

Aquí es donde surge la Norma Jurídica
en términos de DD. HH.
ya que
el Derecho Consuetudinario o Positivo, responde más a las necesidad
de los Estados Opresores
de imponer su Ley
que a las Necesidades y Derechos Inalienables de los Seres Humanos.

Por lo tanto a mi entender es imprescindible la conjunción y entrecruzamiento de una Ética centrada en los Valores,
con las múltiples Declaraciones de Derechos Humanos
que desde la finalización
de la Segunda Guerra Mundial,
se vienen sucediendo.

 

Rebeca Cohen

 
       
 
 Etica y D.D.H.H.

El ser y el valor:

A pesar que en la antigüedad grecolatina existen los términos axios del griego y valeres del latín; del “valor” y “valores” no se habla hasta los siglos XVIII y XIX.

Ello se debe fundamentalmente a que se consideraba que “ser” y “valor” eran lo mismo, que el valor de algo (o sea, aquella propiedad o cualidad que lo hace estimable, merecedor, apreciable), es intrínseca y equivalente al ser mismo, inseparable de su realidad; vale en lo que es y es en lo que vale.

“Bien”, “belleza”, “justicia” se asimilan a las virtudes en Sócrates y Aristóteles o al “verdadero ser” (ideas o esencias en Platón).

La filosofía medieval habla de “lo trascendente del ser”: “uno, bueno, verdadero” inseparables entre si.

El carácter subjetivo del valor:
Hablar de valores implica separar las cualidades valiosas que poseen los seres y verlas en si mismas, con independencia de ellos.

En economía por ejemplo cuando se reconoce que el valor económico propiamente dicho, “valor de cambio” no depende de las propiedades de las cosas, sino del “tiempo de trabajo” que ellas requieren para su fabricación (A. Smith).

Es decir de la significación social, humana que ellas adquieren.

Algo similar ocurre en el ámbito filosófico de los valores en general y de los valores éticos en particular, aunque por razones distintas.

Aquí se produce un giro hacia el hombre como sujeto de valor.
Los valores son concebidos como objeto del deseo y la pasión en Hume, de la voluntad de poder en Nietzsche, de la libertad subjetiva, incondicionada y gratuita según Sartre.

Hume fue el que estableció que del “ser” no cabe derivar el “deber ser” (y por ende el valor).

No hay paso del hecho al derecho (“guillotina”).

Lo que se estima valioso es creación del sentimiento, no conocimiento racional.

Teorías objetivas del valor:

En oposición al psicologismo y subjetivismo del valor surge a partir de la fenomenología de Husserl, la “teoría de los valores” (Hartmann y Scheler).

Ella busca fundamentarlos objetivamente, pero no ya a la manera de la tradición metafísica, sino partiendo del reconocimiento de otra clase de objetos ideales que no son ni físicos, ni metafísicos, ni psicológicos, ni matemáticos o formales.

Son objetos axiológicos que tienen una existencia objetiva independiente, pero que se encarnan en “bienes” históricos concretos.

“Los valores no son sino que valen” y los sujetos no hacen más que aproximarse, más o menos, a la realización de los valores: eternos en ellos mismos y universales.

Esta teoría resulta cuestionable en tanto resurgimiento de las ideas platónicas.

Por lo tanto la búsqueda del valor en general y del valor ético en particular se encamina en otras direcciones (Moore)

Debe destacarse que los valores surgen de la comunicación inter-subjetiva, van más allá del mero sujeto, pues se constituyen como acuerdos comunitarios, de validez  general sino es que universal (Habermas).

Cabría afirmar que el valor y el deber ser surgen del ser (del hombre) porque a este le falta ser, lleva en si el no ser de la potencialidad y la posibilidad, o sea, de la libertad.

Los valores y los deberes apuntan a llenar ese vacío.

El valor como encuentro de sujeto y objeto:

La vía más fértil para la comprensión de los valores lleva a admitir que los valores pueden derivar también de atributos de la realidad misma, aunque solo sean “percibidos” o “revelados” en un “despertar” humano, en una disposición o apertura del sujeto hacia el reino del valor (Ricoeur).

En este sentido el valor surge del encuentro esencial que se produce entre el hombre y la realidad, viene de dentro y de fuera del sujeto y del objeto a la vez.

No hay abismo ontológico entre el hombre y la naturaleza universal.

Los valores se nutren en los contrastes fácticos y en las propiedades reales y posibles de la realidad.

Historia y tabla de valores:

Los valores son históricos.

Esto significa que cambian en el tiempo humano pero que a la vez perviven, “permanecen cambiando” (Heráclito, Hegel).

Los valores se van generando y a la vez se van transmitiendo de generación en generación, constituyen una herencia fundamental de “caracteres adquiridos”.

Cada época dice “si o no” a los “valores heredados” y aporta hacia el futuro su propia creación.

De este modo se va consolidando una tradición, una cultura axiológica, una tabla de valores siempre “objetiva” (social) y que a la vez siempre necesita de los sujetos concretos para valer y para llevarse a la realidad.

Puede decirse que una tabla de valores de nuestro tiempo y nuestra cultura son los Derechos Humanos “universales” para la tradición moral occidental (euro céntrica), pero al mismo tiempo “universalizadles”; abiertos a otras culturas, tanto a la pluralidad interna de naciones que los han adoptado y abierto a su propio perfectible devenir, Históricos, en suma.

Valores éticos de la vida:

Se trata de aquellos valores que tienen de específico el hecho que corresponden al hombre mismo (sujeto y objeto de valor), a sus actos, sus acciones, su carácter o modo de ser y comportarse (ethos).

Los valores éticos  llevan el “altruismo” en su propio centro.

La ética del presente se empeña precisamente en mostrar como el “si mismo” implica “el otro” (Ricoeur, Levinas), como así mismo, los valores de la libertad son inseparables de los de la justicia y a la inversa.

Además la ética hoy tiene que ampliar sus propios horizontes incorporando su responsabilidad hacia las generaciones futuras, hacia los seres vivos no humanos y hacia la biosfera en general.

En nuestro tiempo cobran singular importancia los “valores éticos de la vida”.

O sea la Bioética.

Estos valores tienen un sustrato objetivo y  a la vez han de ser objeto de una verdadera experiencia valorativa, de una toma de conciencia radical que permita percibir a fondo y apreciar éticamente los valores de la salud, la justicia en la distribución de sus bienes, de la autonomía, integridad y dignidad de las personas.

Percibir a fondo y apreciar ética y racionalmente los valores reales de los bienes científicos y tecnológicos que ofrecen las actuales Ciencias del Hombre y de la Vida.

Los seres humanos tienen ante si el doble desafío ético y bioético de mantener vivo el patrimonio axiológico que se considere digno de pervivir y de dar vida a su propia tabla de valores.

 

       

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