Psicología y Arte
Reflexiones sobre la Creación la Locura y la Curación
El Dr. Sigmund Freud contrapone la neurosis a la perversión como si una fuera el negativo de la otra.
También afirma que todos somos neuróticos.
Entonces perversos y locos en su teoría son seres excepcionales.
También lo es en sus conceptualizaciones la mujer de quién el dice no entender que es lo que quiere.
Yo considero que la verdadera oposición en términos de negativo e imagen visible se da entre perversión y psicosis.
Lo que ha ocurrido a mi entender es que el Dr. Freud como lo hacen muchos creadores ocultó el origen de sus hallazgos.
El mundo de la creación no es otro que el de la locura temporal.
Locura en la cual se puede entrar y salir cuando el sujeto tiene claro su norte.
Sobre esto se ha expedido el Surrealismo que divide el mundo en real, irreal y surreal.
La diferencia entre irreal y surreal reside en que en este último orden de cosas existen relaciones no visibles a simple vista o difíciles de demostrar para las ciencias positivistas pero para nada inexistentes.
Podrían citarse como ejemplos muchos fenómenos paranormales estudiados por la Parapsicología y que la Psiquiatría descarta considerándolos Patología.
La diferencia entre un loco y un creador reside en que este último logra hacer valer su visión surreal de las cosas.
El creador al hablarnos de una nueva realidad construye su autoridad.
El creador nos deslumbra con su arte
El Dr Sigmund Freud para mantener su autoridad expulsó del Movimiento Psicoanalítico a quienes les estaban mostrando lo que él no estaba dispuesto a admitir como parte de su teoría.
El Dr. Adler planteó las dificultades de simbolización de lo biológico al desarrollar la hipótesis de la elección de órgano y el Dr. Jung el problema de los simbolismos culturales al hablar del inconsciente colectivo.
Biológico y cultural son los limites que Freud reconoció y puso para dar validez a su teoría.
Límites que es imprescindible traspasar para comprender el funcionamiento de la creatividad y la locura.
Límites que tenemos la obligación moral de traspasar para hacer posible la curación de la locura y la trascendencia de la creatividad
Límites que cuando nos negamos a incluir en la comprensión de muchos hechos patológicos estamos negando también de un modo perverso la posibilidad de su curación.
Límites que pone autoritariamente quien es considerado agente de salud para ocultar su propia enfermedad.
Límites que sin ningún derecho se oponen al avance de la ciencia.
En arte los secretos solo se transmiten de maestro a discípulo.
Es llamativo en este punto reflexionar sobre el hecho que grandes artistas como por ej. Pablo Picasso y Salvador Dalí no tuvieron discípulos.
En las ciencias del arte de curar la verdad se oculta se escinde y de esa manera se produce hiatrogenia y se limitan los grados de libertad tanto del profesional como del paciente imprescindibles en el proceso de curación.
Freud en su conferencia Nº 28 de Introducción al Psicoanálisis del año 1895 avisoró el problema:
“Siempre frente a un hombre o una mujer enfermos son los familiares los que por motivos económicos se oponen a la curación...
Estas son resistencias poderosas frente a las que no tenemos las defensas necesarias por el momento...
Lo mejor para el paciente es continuar en contacto con sus cosas...
Pero siempre son los familiares quienes terminan decidiendo su internación...”
Considero que si esto se repite hasta el día de hoy es porque la mayoría de los psiquiatras renuncian al rol obligado de guardián y abogado defensor del paciente.
A la hora de decidir el psiquiatra interviniente cree más en la verdad de la familia que en la del paciente.
Los psiquiatras dividen el mundo en real e irreal.
Llegado el momento de decidir optan por aliarse al perverso y mentiroso mundo real y parcial de los familiares.
La surrealidad es una verdad más total y abarcativa.
La surrealidad existe y es de lo que está hablando el paciente designado que tiene todos sus sistemas sensoriales funcionando como radares.
Esta realidad necesita ser negada y renegada por la familia porque es peligrosa para su homeostasis e intereses.
Con el auxilio de un profesional es rotulada de irreal y por lo tanto delirante.
Es de ella de la surrealidad de lo que nos hablan los “psicóticos” en sus delirios.
Es de ella que nos hablan los creadores en sus obras.
Paul Neri pintor surrealista brasilero en uno de sus cuadros vuelca sus sensaciones interoceptivas sobre la enfermedad orgánica que estaba cursando.
También lo hizo Frida Kahlo sin ser surrealista.
Y también Edward Munch en “El Grito”
Esto mismo en una persona sin talento o valores artísticos es rotulado de etapa hipocondríaca de una esquizofrenia.
También se afirma que esa persona tiene alucinaciones cenestésicas
Dalí comienza su diario diciendo “Todos dicen que yo estoy loco menos yo que digo que no lo estoy...”
El Dr. Paul Wazlawick se pregunta en el titulo de uno de sus libros “¿…Es real la realidad?…”
Luego afirma “...si se juntan cinco personas y rotulan de psicótico a un sexto al que segregan de la red de intercomunicación, este se empieza a comportar como tal...” en una clara conclusión de psicología experimental.
Esto es lo que se conoce como construcción social de la enfermedad.
Entre nosotros fue el entrañable Dr. David Liberman quien afirmó “...en todo delirio hay una parte de verdad...”
Coincide asombrosamente con Wazlawick cuando dice “... el aislamiento de la comunicación que hace la familia del paciente es lo que encontramos en la raíz del delirio…”
Ya el Dr. Enrique Pichón Rivière entre nosotros en los años 50 casi simultaneamente con el surgimiento de los primeros trabajos sobre terapia familiar en la costa Este de los EE.UU. afirmaba “...el paciente es el portavoz de un grupo familiar enfermo...”
Enunciado indiscutible no solo desde el punto de vista genético sino también dinámico.
En este punto yo me pregunto: ¿las ciencias del arte de curar no han incorporado todavía que existen diferencias fundamentales entre genotipo y fenotipo?
¿Por qué será que los psiquiatras necesitan todavía reforzar el determinismo fatalista de la teoría de la transmisión genética de la enfermedad hasta la tercera generación?
¿Tan poca confianza tienen ellos en la capacidad de su propio accionar sobre la dinámica de las relaciones familiares?
¿Tan poca confianza depositan en la capacidad de sus pacientes de transformar su genotipo en fenotipo?
¿O los psiquiatras como tantos otros médicos son obsecuentes accionistas de los intereses de la industria farmacéutica?
El Dr José Bleger en sus investigaciones sobre Simbiosis y Ambigüedad afirmó que el cuerpo funciona como “buffer” (caja de resonancia) y equiparó este comportamiento al de los aspectos psicóticos de la personalidad.
En su articulo “Psicoanálisis del encuadre psicoanalítico” afirmó que son estos aspectos psicóticos los que están depositados en el encuadre del tratamiento y que solo cuando se rompe el encuadre ellos emergen.
A más de 40 años de sus desarrollos me pregunto:
¿Qué es lo que emerge?
¿Los aspectos psicóticos o la necesidad de un individuo en tratamiento de hacer valer una verdad que no tiene cabida dentro de ese encuadre?
Observación digna de múltiples reflexiones que dan lugar a un nuevo capítulo sobre los límites que imponen las instituciones psicoanalíticas no solo a la curación de las psicosis sino al avance de la ciencia psicológica al desarrollo del talento creador y a la salud de sus miembros
Por otro lado el Dr Bleger nos decía también en las conversaciones que mantenía con los que fuimos sus ayudantes que cáncer o infarto no lo hacen los que “quieren” sino los que “pueden”.
Esta era una franca alusión al potencial creativo de quienes se “enferman”.
¿Quién sino él conoció el dramatismo del dolor el sufrimiento y la marginación que ocasionan la enfermedad no adecuadamente comprendida y tratada?
Considero estar en condiciones de afirmar en contraposición al Dr. Sigmund Freud y continuando los desarrollos de los Dres Pichón Rivière, Liberman, Bleger y Wazlawick que el negativo de la psicosis es la perversión del grupo familiar.
Esta perversión triunfa porque un psiquiatra la avala.
También coincido con lo desarrollado en Una Ola de Sueños por Louis Aragón, verdadero padre del Surrealismo; quien afirma que el mundo y las cosas se dividen en tres categorías real, irreal y surreal.
De la surrealidad es de lo que hablan el creador en su obra de arte y el psicótico en su delirio.
Lo surreal no es otra cosa que las relaciones ocultas para el ojo neófito entre los hechos entre si y entre las cosas en su existir.
Lo surreal es lo que científicos de la talla de Kant y Einstein han denominado como lo misterioso, lo bello y lo sublime
Lo que marca la diferencia entre un creador y quien no lo es, nos lo reveló Dalí en su diario.
A mi juicio lo que nos dijo Dalí es que un creador no se somete a la valoración externa.
Pero al mismo tiempo es él, el creador, quién más conoce a los otros y por eso puede sorprenderlos.
El creador afirma su verdad como absoluta para si
Y es ese ejercicio de la libertad y de su capacidad de tolerancia, goce y simbolización aún frente a lo siniestro que encuentra en esa surrealidad que explora, lo que deslumbra y despierta admiración y fascinación en el espectador.
Es por ese ejercicio que se hace de la libertad, que yo considero que el grado mas elevado de ética se encuentra en el arte y no en las ciencias tal como están planteadas en el presente.
Un psiquiatra para poder ayudar a curar un “delirio” debe animarse a acompañar a su paciente por ese recorrido surreal que esta haciendo sin el prejuicio de verlo como una construcción irreal.
De no existir perversión y falta de ética no existiría psicosis ¿y porque no pensar que también muchas otras enfermedades que afectan gravemente al cuerpo biológico?
La psicosis no es otra cosa que lo que crea el doble discurso del poder en su denodado esfuerzo de control del otro.
Control de un otro al que es necesario mantener inmovilizado para continuar no solo ejerciendo el poder sino también consumar fines opuestos a la voluntad autónoma y los derechos inherentes de quien así se convierte en paciente designado.
La ceguera sobre estos aspectos vinculares de la psicosis y la falta de objetividad para operar sobre los mismos son un resabio atávico de la vieja psiquiatria manicomial que demonizaba al paciente y santificaba a la familia como víctima de este.
Este mismo esquema binario y anacrónico es el que se utiliza paradójicamente para justificar las guerras.
La oposición de las fuerzas del bien contra las fuerzas del mal.
Esta oposición está presente en todo proceso psicoanalítico (instinto de vida versus instinto de muerte, transferencia versus resistencia), y se la considera el motor necesario al mismo, con lo cual se la convierte en el germen de la limitación de las posibilidades de curación.
Esta binarización anacrónica del hombre y del pretendido proceso de curación es lo que condena al mismo a la enfermedad crónica.
La psiquiatria, como también lo hacen todas las especialidades médicas, toma un discurso que ocurre en un contexto lo descontextualiza y así al perder éste niveles de significación se convierte en delirio.
No es lo mismo lo que vive una persona, que lo que ésta o sus familiares le pueden contar al psiquiatra en su consultorio.
Este proceder de muchos psiquiatras es lo que la Teoría Sistémica designa como rotulación de una conducta.
Un proceso para ser curativo debe ser creativo y por lo tanto debe poder entrar en una dimensión surreal, salir de lo binario.
Cuando la medicina la psicología y la psicopatología revise toda su nosografía a partir de la importancia que tiene el hecho actual desencadenante, pero preservando una mirada social del fenómeno en la génesis de las patologías; estas van no solo a revertir sino a curar.
La curación consiste en eliminar las múltiples causas de la enfermedad y no solo en combatir los síntomas mirados con una óptica intrapsíquica o endógena.
La curación va a ocurrir entonces porque se va a estar operando eficientemente sobre la totalidad de los factores que generan las enfermedades.
Nunca debemos olvidar que todas las enfermedades denuncian una injusticia.
De no existir ésta última tampoco existiría la primera.
Ramón Carrillo decía respecto de las enfermedades infectocontagiosas “ ...los virus y las bacterias son pobres factores al lado del hambre y la miseria...”
Yo continúo su línea de pensamiento y me permito afirmar: las enfermedades psiquiátricas son un pedido desesperado de justicia social.
Las causas genéticas y biológicas son pobres causas al lado de la injusticia social hacia el paciente en cuestión por parte de quienes están más próximos a él.
Más aún, de quienes asumieron la responsabilidad de asistir no solo al paciente sino también a sus familiares.
Quien no tenga esto claro no tiene los grados de libertad necesarios para poder operar en un proceso de curación.
Y pensemos
Si las psicosis se pueden curar los psiquiatras pierden poder y las instituciones psiquiatricas y la industria farmacéutica se debilitan
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